Siempre es y será tiempo de berza

Como «una receta familiar única e incomparable que sabe a GLORIA» se define en la web de Molinero AVA el nuevo producto del catálogo que es la Berza Campera.

Si se le resta el apellido al plato y se pregunta más allá de Despeñaperros y hacia arriba sobre la berza, todos coincidiran en que la berza es la col, verbigracia: aquella planta hortense, de la familia de las crucíferas, con hojas radicales muy anchas por lo común y de pencas gruesas, flores en panoja al extremo de un bohordo, pequeñas, blancas o amarillas, y semilla muy menuda. Se cultivan muchas variedades, todas comestibles, que se distinguen por el color y la forma de sus hojas. La más vulgar tiene las pencas blancas.

Pero si deja al Diccionario de la RAE de lado y se habla en el Sur sobre berza, siempre se piensa en este prodigioso potaje y no en la col, aunque de todos es conocido que es sinónimo de nuestra polisémica receta de cuchareo con o sin paso atrás. No en vano potaje lo define la Real Academia de la lengua como  «guiso hecho con legumbres, verduras y otros ingredientes que se come especialmente los días de abstinencia», lo que la raza gitana añade a esa olla insípida son sacramentos, avíos o pringás que harán las delicias del gourmet y del glotón.

Como sacramentos o avíos de la berza se deben contar con chorizo, morcilla, carnes de cerdo y tocinos que serán la base de la pringá; como materia leguminosa, bastan garbanzos y habichuelas. Para rematar, sal y pimentón y manteca colorá como opción poco cardiosaludable pero siempre saludable en su bienvenida.

Y las verduras de dos en dos: calabaza y judías verdes; tagarninas y cardo; col y apio…

Y lo más rápido y no por ello menos exquisito: si hay prisa, confiar en la nueva berza gitana de Molinero AVA. Palabra de rebañador.

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