La resistencia contra el impío halloween

La invasión se ha consumado y somos unos pocos los que formamos la resistencia contra la calabaza asesina. Halloween ha pasado en un abrir y cerrar de ojos de anecdótico a habitual y machacón en nuestras vidas. Y no solo por un día, sino, virtud del poderoso caballero, casi durante un mes en centros comerciales, anuncios televisivos o campañas de firmas que cuentan con ocho días de oro que son veinte o quincenas fantásticas que duran un otoño, en una pesadilla sin vivir en Elm Street.

 

Nuestra misión: Hay que combatir todo lo que huela a calabaza y neutralizar a los mensajeros aunque impresionen sus menudas tallas, además porque acuden a por limosna golosa con la agravante de disfraz, alevosía y cuadrilla, con abuso de confianza, generalmente con nocturnidad y siendo reincidentes…

 

A todos estos mocosos que osen llamar a la puerta de una casa de bien, como es la mía, al grito de “truco o trato”, que no esperen caramelos, piruletas, gominolas o algodones de azúcar. Todo lo más que obtendrán tras su impío gorronear serán huesos de santo como Dios manda. Pero si llaman a horas de comer, se les dará en sus pecosas fauces con una croqueta, una tortillita de camarones o una pavía de merluza. ¡Y encima, recién fritas, para que sepan lo que es bueno!

 

Por ser Ley de Molinero AVA, en tiempos de Todos los Santos.

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