El rebozado de las pavías

El tenor de rebozar referido a los alimentos según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no es otra cosa que “bañar un alimento en huevo batido, harina, miel, etc…” con el objeto de freírlo después.

Mandan los cánones del rebozado que habría que mezclar dulcemente en un bol, huevo batido, ajo picado, perejil fresco, harina, levadura y un toque de colorante. 

Los hay que emplean aguas con gas, los hay que prefieren una rubia cerveza que aporta además del gas carbónico, una pizca de levadura a la ecuación de alimentos dispuestos para freír.

Hay quienes para desalar el bacalao en casa introducen este maravilloso pescado en un recipiente con agua fría durante 48 horas, cambiándola cada 8 horas; los hay que compran las piezas de bacalao ya desaladas y listas parta rebozar y, por último, los hay que optan por la merluza para cumplir fielmente con una receta de pescado que cuenta con una fama más que merecida.

Consejos para acompañar a este manjar hay tantos como gastrónomos, cocineras, blogueros o glotones. Aconsejan algunos acompañar las pavías con mayonesa elaborada con aceite de oliva: otros la prefieren con la salsa de Mahón hecha con aceite de girasol para que quede más suave su sabor y no prevalezca sobre el del pescado; otra opción igualmente sabrosa es la de quienes prefieren la salsa tártara, que no es más que una mayonesa con cebolleta, pepinillo y alcaparras finamente picadas; unos buenos pimientos morrones o del piquillo tampoco parece mala opción… 

Lo importante es poder maridar la pavía con buena compañía y buena bebida y saber escoger y alejarse de recetas rimbombantes que poco se asemejan a la original receta de pescados que lleva en su rebozado el color de los uniformes de húsares de ayer.

Lejos de todo artificio e inmerso en la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de la cocina tradicional, la empresa gaditana Molinero AVA emplea para su famoso rebozado para las pavías lomos de bacalao o de merluza, harina de trigo, agua carbonatada, sal, levadura… y ese abnegado amor a los peroles que devuelven el cariño de crujiente y jugoso modo a quienes pavías fríen en ellos.

¿Bienmesabe o cazón en adobo?

A pesar de que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no reconoce al cazón en adobo como bienmesabe, pues solo recoge golosas acepciones para este término y siempre referido a dulces de claras de huevo y azúcar clarificado, con el cual se forman los merengues, o pastelillos con yemas y almendras, el bienmesabe es y será por siempre cazón en adobo.

Cazón, vinagre, agua, sal, ajo, orégano y comino en mayores o menores proporciones son los ingredientes de la célebre preparación de este pescado científicamente llamado Galeorhinus galeus y también conocido como tiburón vitamínico. Si solo es llamado bienmesabe en San Fernando y cazón en adobo en el resto del planeta gastronómico es discutible, aunque su historia ‘cañaílla’ no tiene desperdicio.

El libro ‘Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes’ del gastrónomo gaditano Manuel Ruiz Torres recoge que uno de los negocios más florecientes de la Tacita de Plata de 1812 eran bodegones y freidores, pues había entonces más de un centenar, valga como ejemplo el aún superviviente de la gaditana calle Veedor o El Deán de San Fernando.

La razón fundamental por la cual es más frecuente escuchar en San Fernando la expresión ‘bienmesabe’ en vez de ‘cazón en adobo’ se debe a que en pleno siglo XIX, cuando acudió de visita a la Isla la Reina Isabel II, su majestad probó unos trozos de cazón en adobo y ella, satisfecha y asombrada por la explosión de sabor en su real boca, exclamó, “qué bien me sabe”. Que de ahí derivara el uso de llamar bienmesabe a este plato fue solo cuestión de instantes.

Hasta hoy se mantiene la receta original con al menos dos siglos de historia (puede que hasta cuatro) con las tres escuelas de preparación del cazón: una que se decanta por usar solo orégano; otra, por emplear comino y una tercera, tal y como hace la empresa gaditana Molinero AVA, con la mezcla en su justa proporción de estas dos aromáticas especias.

Para rematar el plato, y eso no admite prueba en contrario, una buena harina de sémola de trigo, el mejor y más limpio de los aceites de oliva y un perol siempre mejor que freidora. Espumadera eficiente, trozos bien escurridos al plato y a disfrutar en la mesa.

 

Fuentes:

Diccionario RAE

‘Cocina y Gastronomía en el Cádiz de las Cortes’, de Manuel Ruiz Torres

La croqueta, ¿francesa o española?

Paradojas te da la vida. Al igual que la tortilla francesa, no es francesa, sino española, la croqueta, ese bocado crujiente, suculento y tan nuestro, no nació en la Piel de Toro y sí, en Francia.

Pero, ya que una croqueta no es más que una salsa bechamel mezclada con un picadillo de distintos ingredientes, rebozadas en huevo o pan rallado, y fritas después en abundante aceite, se da por sentado que antes de la croqueta nació la deliciosa bechamel.

Así, la primera referencia de la bechamel se encuentra en la corte francesa de Luis XIV, el Rey Sol, ya que fue su chef, François Pierre de la Varenne, la nombra en su recetario ‘Le Cuisinier François’ (1651), en claro homenaje a Louis de Bechameil, marqués de Nointel, financiero de las campañas bacaladeras de Terranova, de quien se dice que la inventó para acompañar al bacalao seco, a pesar de que también se dice que  su invención era una mera copia de una receta de unos cocineros italianos. En el año 1735, el tratado de Vincent La Chapelle llamado ‘Le Cuisinier moderne’ nombra a la bechamel como Béchamelle, y ya a finales del siglo XVIII, se generaliza el uso del término y receta de la bechamel.

Cuando la bechamel se empana y fríe se produce el nacimiento de la croqueta tal como la conocemos en la actualidad, algo datado en 1817 cuando Marie-Antoine Carême, chef de las cocinas del Príncipe de Gales y futuro rey Jorge IV, preparara ante el archiduque Nicolás de Rusia un crujiente plato conocido como croquettes à la royale. 

Y es que el nombre de croqueta procede del término croquette, un diminutivo derivado de la onomatopeya croc o del verbo francés croquer, que significa crujir. Dicho nombre fue adoptado después por diferentes países bajo términos parecidos, así fue llamado crocchetta en italiano; kroket, en holandés; croquete, en portugués; kroketten, en alemán ; o korokke, en japonés, por ejemplo.

La escritora española Emilia Pardo Bazán señalaba en su libro ‘La cocina española antigua’ (1913) en referencia a las croquetas que “la francesa es enorme, dura y sin gracia. Aquí, al contrario, la hacen bien. Las croquetitas se deshacen en la boca, de tan blandas y suaves”.

Después de una defensa tan absoluta de lo español, cabe decir que en España se ha empleado esta receta para fines muy dispares, pues cabe desde la conocida solución de aprovechamiento de las ‘sobras’ del cocido o del puchero hasta unas sofisticadas croquetas líquidas que hiciera en su momento el genial cocinero Ferrán Adriá, quedando en medio todo tipo de texturas, sabores, formas e ingredientes.

Es en este punto intermedio donde la empresa gaditana Molinero AVA ofrece una excelente selección de croquetas, ya que las elabora de choco en su tinta; de pescado y marisco o de rabo de toro, por ejemplo, poniendo el listón tan alto que la vuelta al ruedo del placer culinario queda asegurada.

Por cierto, cada 16 de enero se conmemora el Día Mundial de la croqueta.

 

Fuentes:

Blog ‘The Cooksters’ https://www.thecooksters.com

Blog ‘Croquetas Ricas’ https://www.croquetasricas.com

Diario ABC https://www.abc.es

La receta del bacalao dorado

El bacalao dorado o bacalhau à Brás es una receta típica de Portugal, por no decir la receta lusa por excelencia,  también conocida como Bacalhau à Braz, con la letra zeta al final, debido a que el invento de esta receta se le atribuye al ‘Senhor Braz’, tabernero que regentaba un local en el monumental y pintoresco Barrio Alto de la Lisboa.

El nombre de Bacalao Dorado procede del color amarillo intenso que proporcionan el huevo y la patata frita y como anécdota futbolística cabe señalar que la Wikipedia afirma que es el plato favorito del astro del Real Madrid Cristiano Ronaldo.

La receta

Dicen los historiadores gastronómicos lisboetas que su receta en origen se realizaba con leche y sin patatas, pero de todos es conocido que el tubérculo ha de estar presente siempre en esta receta. La empresa Molinero AVA es fiel a la tradición y prepara este luso plato a base de bacalao, cebolla, patata frita, aceite vegetal, sal, ajo y especias, y solo a falta de que el consumidor final casque unos huevos para rematar la comida con mimo y suave meneo.

Variantes sobre el tipo

En Elvas, localidad de Alentejo (parte sur de Portugal que limita con el Algarve) no es lo mismo el bacalao à Brás que el bacalao dorado, pues la añadidura de perejil y aceitunas negras diferencian a uno de otro. De hecho, hay puristas que diferencian el bacalao dorado (patatas, bacalao, huevo y pimienta) del á Bráz (cebolla, ajo, bacalao, huevos, perejil, aceite y patatas). Incluso los hay que llegan  a la guerra dialéctica por la denominación de esta gloriosa preparación basada en el bacalao en función de los ingredientes.

Conclusión

Sucede como con todos los platos con un gran arraigo y mayor historia que los modos de elaboración, los tiempos de cocción, las texturas e incluso los ingredientes, varían por zonas geográficas, modas, tiempos o gastrónomos o cocineros influyentes. Así, la empresa gaditana Molinero AVA (http://molineroava.com/Bacalao_Dorado.html) se basa en la más purista de las recetas para la elaboración de su plato, pero el libro de los gustos está y siempre estará en blanco, que no dorado como el delicioso plato de origen portugués.


Fuentes:
Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Bacalhau_à_Brás)
Blog de Koketo (https://koketo.es/bacalao-a-bras)
El Comidista (https://bit.ly/2sVUgMY)

La cuna de las tortillitas de camarones

Son muchas las teorías en torno al nacimiento de las tortillitas de camarones, tanto en el espacio como en el tiempo. Si bien hasta ahora se tenía por buena la teoría de que este popular plato era descendiente de las panizas y su nacimiento se situaba en el siglo XIX, es el gastrónomo gaditano Manolo Ruiz Torres quien en su blog ‘Cocina gaditana del doce’, se hace eco de la importancia de la influencia genovesa en este plato y de la farinata italiana como ‘madre’ del plato gaditano.

Según este bloguero, alguien hizo una tradicional masa de farinata y, en vez de hornearla, procedió a freirla, y es ahí donde sitúa el origen de la tortillita. Ruiz Torres deduce que es muy probable que en algún momento, entre el siglo XVI y el XVII se empezaran a usar los camarones como sustituto de otro relleno de las gachuelas y ahí surgiera la tortillita.

Un importante punto a aclarar es si este manjar tiene su origen en la ciudad de Cádiz o en la de San Fernando, ya que hay investigadores de ambas poblaciones que atribuyen a una u otra su invención.

Así, el investigador gastronómico de San Fernando Pepe Oneto, sitúa su origen a finales del XIX en el barrio de Las Callejuelas de San Fernando. Por su parte Julio de La Torre, miembro del Grupo Gastronómico Gaditano que ya publicara un trabajo sobre la importancia de la influencia genovesa en la gastronomía gaditana, ubica su creación en Cádiz y cita como prueba de su invención una copla del coro ‘Los cocineros’ del año 1884 donde ya se habla de las tortillitas de camarones. La copla es nombrada por el historiador de la Universidad de Cádiz Alberto Ramos en su libro ‘Historia del Carnaval de Cádiz’.

Manuel Ruiz Torres, por su parte, señala que si su teoría es válida, y las tortillitas surgieron en este periodo entre el siglo XVI y XVII, la invención habría que atribuirsela a ambas poblaciones por igual ya que por entonces San Fernando no se había separado de su ciudad vecina, hecho que no sucedería hasta el año en 1729.

El historiador gastronómico concluye que en la historia de este plato existe un hito que sí tiene lugar de forma indiscutible en San Fernando y es la “reinvención” de las tortillitas de camarones, fenómeno que se atribuye a la Venta de Vargas y en concreto a las cocineras Catalina Pérez y su nuera María Picardo. La primera cambió la proporción de las harinas del plato, aumentando la de trigo y disminuyendo la de garbanzos y la segunda le añadió agua con gas.

Con el origen del plato determinado y con los ingredientes más o menos conocidos por todos, cabe señalar para finalizar que con una ideal mezcla de harinas de trigo y de garbanzo, cebolla, perejil, camarones, aceite vegetal, agua y sal, Molinero AVA realiza las más exquisitas tortillitas de camarones. La vieja escuela y las recetas tradicionales siempre son garantía de calidad y éxito, algo de lo que se siente más que orgullosa esta empresa gaditana.

Fuentes:

El blog de Pepe Monforte (http://www.cosasdecome.es)
Manuel Ruiz Torres (http://cocinagaditanadeldoce.blogspot.com.es)