Buenos modales en la mesa

Las normas elementales de la educación abarcan tomos de anchos lomos que casi nunca son seguidas a rajatabla por comodidad, pereza o rebeldía. Hoy me voy a centrar en una veintena de mandamientos que deben seguirse en la mesa para ser considerado como un comensal educado.

No apoyar los codos sobre la mesa ni apoyar la cabeza en las manos son una buena tarjeta de presentación que resplandece cuando se avanza en un almuerzo y los cubiertos nunca quedan apoyados a los bordes y sí cruzados como una cubierta a dos aguas sobre el plato si vamos a tomarnos un descanso, para servirnos agua o brindar, por ejemplo.

Permanecer en una natural quietud, sin agacharse o inclinarse en busca de la comida denotan buena escuela, ya que son los cubiertos los que deben subir hasta la boca y no la boca hacia los alimentos, como hacen los animales y otros seres de pesebre, prado y Congreso de los Diputados.

Tampoco se debe levantar o volcar el plato para terminarlo, ni soplar la comida para enfriarla. Hacer ruidos al comer es como retransmitir el mal gusto al que una persona se ha abandonado y hacerlo con la ingesta de vino es pecado mortal en la mesa que bien debería pagarse con extrañamiento o galeras.

Bien por superstición, bien por tino a la hora del vino, siempre se deberá tomar las copas o vasos con la mano derecha, y a la izquierda, el pan.

El huno de nuestros días hace percusión con los cubiertos; el dandy practica esgrima con la brocheta o la dorada y ni la pala ni el tenedor derrapan en la vajilla.

Tomar líquido con comida en la boca o girar el plato para comer lo del otro extremo es otra prueba evidente de estar falto de modales. Al igual que llevarse a la boca la comida con el cuchillo.

De prisión mayor a garrote vil son las penas de quienes usan el móvil en la mesa. ¡No hay excusas! Es más, aconsejo poner todos los móviles en un cesto y el primero que toque el suyo, paga la comida en caso de estar en tasca, venta o restaurante o recoge los platos y la cocina, en caso de comida en casa.

Comer con cadencia y nunca hablar con la boca llena casi completa esta tabla de mandamientos que concluye con uno de inexcusable cumplimiento: si en la fuente quedan dos tortillitas de camarones de la firma gaditana Molinero AVA y sois tres a la mesa, ofréceselas a ellos y fríe más, ya que serán bienvenido en toda mesa y en toda ocasión por tan ejemplar comportamiento. Y si no hay más en tu congelador, más grande será tu hazaña que se cantará por trovadores del buen gusto hasta el fin de los días.

Las ganas de ganar (al coronavirus)

En momentos tristes siempre se añora cualquier tiempo pasado que no siempre fue mejor, aunque sí cierto e inamovible. Quizá por ello, cualquiera que lea este breve alegato que trata de insuflar optimismo en tiempos de cuarentena obligatoria, sienta, como cantaban Sabina y María Jiménez, las ganas de ganar.

Ganas de ganar tiempo perdido, que siempre será invertido; ganas de recuperar buenos hábitos o malos, según el ojo que los juzgue; ganas de saludar a gente desconocida, tal y como se sigue haciendo en los pueblos pequeños y antes se hacía hasta en las grandes ciudades; ganas de ir a sitios que han estado cerrados demasiado tiempo o de descubrir lugares en la propia localidad de cada cual y que nunca se tuvo en cuenta o se pasaba a su lado mirando sin ver, viendo sin mirar.

Pisar playas con los pies descalzos y disfrutar del dulce azote en los tobillos de las olas que nos acarician al morir en la orilla envueltas en espuma de sal; pasear con los seres más queridos y recuperar el placer de andar por andar; prestar atención a cosas pequeñas; creer que han crecido las pantallas en los cines y que el sonido es más nítido que nunca…

Ya que el final del confinamiento no será total ni libre, habrá que ir adaptándose a la llamada desescalada. Primero, libertad vigilada de mil metros a la redonda como jaula al aire libre que nos parecerá un sueño; luego se abrirá la localidad entera y poco a poco al resto de provincias hasta que llegue al fin la posibilidad de viajar a otros países, quizá en un Mundo muy distinto ya.

Lo que esta maldita Pandemia no cambiará es la alegría que siempre ha demostrado este pueblo ante las adversidades, sacando fuerzas renovadas y matando al Covid-19 con cañonazos de precaución y prudencia. También con sonrisas para contagiarlas, a pesar de los que nos han dejado por el camino.

Y por supuesto, romper un millón de lanzas por el pequeño comercio donde hay que comprar más que nunca, pues suponen buena parte del oxígeno económico que cada ciudad necesita y son los que podrán contratar a nuestros hijos el día de mañana y no tendrán que emigrar ni los padres maldecir dicha migración laboral.

Y, ni que decir tiene, visitar mucho y muchos, en la medida que los decretos no lo impidan,  bares, restaurantes, tascas, tabernas, tabancos, baches, gastrotecas y rincones favoritos para gozarlos como nunca, como siempre.

Y una vez allí, pedir platos y bebidas de capricho, pero siempre tirando para el producto del terruño en el ‘comercio’ y en el ‘bebercio’.

Y dentro del capricho gourmand, si se pide frito variado o pescaíto frito, la nota se va acercando al notable alto. Si a ese papelón o ración de pescado le añades tortillitas de camarones obtienes el sobresaliente.

Por último, si se tiene la suerte de que dicho establecimiento conozca lo que es bueno y llene ese papel de estraza o bandeja blanca inmaculada de tortillitas de camarones, croquetas de choco en su tinta o de pescado y marisco, pavías de merluza o de bacalao, albóndigas de choco, tortillas de gambas, boquerones empanados al limón, ortiguillas fritas o taquitos de adobo de Molinero AVA, se alcanza con certeza el séptimo cielo y algo muy parecido a lo prfecto.

Saborear el primer bocado a una fritura de esta firma gaditana se guardará en un archivo de la memoria junto al recuerdo del 10 de Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Montreal’76 o al hecho de contemplar en bucle infinito ese gol del Cádiz al Racing de Santander diez años después, cincelado por el 10 cadista y salvadoreño ‘Mágico’ González.

El segundo mordisco evocará el placer de disfrutar por primera vez del debut en la Gran Pantalla de Amenábar con Tesis o de la mítica Trainspotting, ambas cintas estrenadas diez años después del gol de diez del diez que hacía magia con una esfera perfecta, como el tango de marca que omito y que bautizaba a ese balón azteca.

Conclusión: Salgan a disfrutar; disfruten con los que más deseen, pero con prudencia; deseen la vuelta a cines, playas y calles; y sobre todo, vuelvan a los locales de comer, que con las cosas de comer no se juega. Y que no se la jueguen, pida Molinero AVA.

* Agradecemos públicamente la colaboración del gran fotógrafo Cata Zambrano por cedernos la imagen que ilustra esta entrada y otras. Síguelo en Facebook en:   http://tinyurl.com/y7obqfrf

¿Pan o picos? Esa es la cuestión

Parafraseando, aun metido en harina, la primera frase del soliloquio de ‘Hamlet’ de William Shakespeare arranca esta entrada en el blog de Molinero AVA para abordar un tema crucial a la hora de comer, dando por sentado que con las cosas de comer no se juega, pero sí se mastica, saborea y engulle.

Ante tan metafísico título cabría preguntarse si el mundo se divide en dos bandos antagónicos y enfrentados, mesa y mantel mediante: ‘gente de toma pan y moja’, los cuales todo lo acompañan con el sustento que Jesucristo tomó y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo” y los que se decantan por el pico como rastrillo de platos y rebañador de las más variadas esencias.

Pero existe, y son mayoría de buen yantar, un tercer bando tan neutral como práctico y sabedor de que en la variedad está la excelencia, que se decanta por un alimento u otro dependiendo del momento, el lugar o el plato que se tenga delante.

Eso sí, hay dos mandamientos de la ley del buen comer que son de obligado cumplimiento, sea fiesta de guardar o no y so pena de ayuno involuntario de no menos de dos meses y un día: la ensaladilla se come siempre con picos y los guisos de cuchara deben incluir al menos una pieza de pan a su izquierda.

Como en toda norma, hay excepciones que deberán ser juzgadas en primera instancia por quien presida la mesa o sobreseídas si hay unanimidad de criterio alrededor de la tabla de comedor. Verbigracia, no siempre “pan con pan es comida de tontos” ya que nadie se resiste a un bocadillo de filetes empanados ante la amenaza cierta de orden de alejamiento y/o destierro de locales de restauración y casas de gente de bien por ignorante profundo.

Por lo demás, ni que decir tiene que se deja a la elección del gourmand cómo acompañar las tortillitas de camarones, croquetas de choco en su tinta o de pescado y marisco, pavías de merluza o de bacalao, albóndigas de choco, tortillas de gambas, boquerones empanados al limón, ortiguillas fritas o taquitos de adobo, todo ello de Molinero AVA.

Pero que nadie, nunca jamás, osare comerse una tortillita de camarones y pico o dos croquetas y pico, en vez de dos o tres completas en sus respectivos casos por lo penoso de asunto y aunque las penas sean menos con pan. O picos. O sea.