Una historia sobre el rabo de toro

Sobre la carne de toro se dice que los griegos la conocían y que los romanos disfrutaban mucho de su sabor, tal y como reflejaba Marcus Gavius Apicius, gastrónomo del siglo I y autor del libro ‘De re coquinaria’, que constituye una fuente para conocer la gastronomía en el mundo romano en épocas de los emperadores Augusto y Tiberio. Así este erudito en fogones mencionaba en su obra un delicioso estofado al estilo de Ostia que bien puede tomarse como antecedente del plato que nos ocupa.

También queda constancia de que en los años de la España musulmana los toros daban su penúltima vuelta al ruedo en las cocinas de la corte de Abderramán III y Al-Hakam II. 

En la España del XVIII, en tiempos de Pepe Illo y Costillares es cuando surge la afición por los guisos de astados y ya a finales del siglo XIX y principios del XX es cuando esta receta tradicional comienza a cocerse en las casas cordobesas, en una época de máximo esplendor para el mundo del toreo y de quienes lo representan, por ejemplo Mazzantini, Lagartijo, Pireo o Manolete.

La elaboración logra fama nacional gracias al propietario del restaurante cordobés El Caballo Rojo, José García Marín, quien al servir en monterías y cacerías organizadas para el Rey, elevó a ilustrado al hasta entonces humilde rabo, sirviéndolo estofado con vino tinto y guarnición de verduras.

La receta en cuestión es bien sencilla, pues se trata de un estofado elaborado según los cánones con la finalidad de aumentar la cantidad de ingredientes y hacer que la carne de rabo quede muy tierna. Ingredientes son el rabo de toro (cortado por la coyuntura), cebolla, zanahoria, tomate frito, ajos, laurel, pimienta negra, pimentón dulce, vino tinto, sal, aceite de oliva, clavos y agua.

La evolución de la cocina nos lleva a que de la primera elaboración de este estofado surjan variaciones en formas, presentaciones y texturas como  modas que vienen y van. Así nos encontramos recetas con chocolate y jengibre; musaka de Rabo de Toro; en empanada, kebab o bao: como lasaña o en croquetas.  

Es precisamente la croqueta de rabo de toro la única elaboración que la empresa gaditana Molinero AVA no basa en productos del mar. Por algo será que todo el que las prueba saca el pañuelo blanco mirando a la presidencia y esperando más que orejas o vueltas al ruedo, más rabo de toro con forma de croquetas.

Fuentes: 

Bodegas Mezquita https://www.bodegasmezquita.com/

ABC https://www.abc.es/viajar/gastronomia

Diario de Gastronomía https://diariodegastronomia.com